JUSTICIA, TARDÍA, NO ES JUSTICIA. POR LA MODERNIZACIÓN, LA PRIORIDAD
La justicia en España arrastra la dispersión de más de 3.600 juzgados unipersonales, genera desigualdad en las cargas de trabajo, inseguridad jurídica y decisiones contradictorias. A ello se suma una Oficina Judicial apenas implantada, una cultura normativa sin evaluación rigurosa y una politización estructural que desactiva su independencia. La modernización no pasa por reformas, sino por una transformación estructural, técnica y cultural del sistema, que lo haga más colegiado, más próximo al ciudadano, más transparente, y, sobre todo, más orientado al bien común y no al reparto de cuotas.
- Modificación de la red de los partidos judiciales con la sustitución de juzgados unipersonales por Tribunales de Instancia, con reparto interno de asuntos y especialización funcional.
- Oficina Judicial imprescindible, digital y profesionalizada que mejore la gestión del tiempo, los recursos y la atención ciudadana.
- Reconversión del Ministerio de Justicia en Ministerio del Sistema Jurídico. El Ministerio debe dejar de ser un mero gestor de juzgados y asumir el liderazgo del sistema jurídico: calidad legislativa, coordinación de profesiones jurídicas y evaluación de impacto normativo.
- Se deben evaluar la calidad de las leyes desde el punto de vista jurídico, económico y social, para evitar la inflación normativa y la inseguridad jurídica.
- Despolitización del gobierno judicial y superación del reparto de cuotas en el sistema de elección del CGPJ y del TC para acabar con los dedos de las cúpulas de los partidos políticos.
- Cultura jurídica orientada al ciudadano, no al corporativismo. La modernización no es solo técnica: exige un cambio cultural, que reoriente toda la justicia hacia el servicio público, escuchando a jueces, fiscales y abogados y alejándola del formalismo vacío